28/11/2022
“Volvería a pasar por todo: las alegrías, las derrotas, los cumpleaños solo, el dolor físico”. Esta frase no es solo una reflexión, es el testamento de una vida dedicada a un deporte. Son las palabras de Fernando Belasteguín, el hombre que reinó en el pádel mundial durante 16 años consecutivos, una hazaña que roza lo sobrehumano. Tras su reciente retirada de las pistas profesionales, 'Bela' nos presenta 'Bela, la historia continua', la segunda parte de su biografía, un libro que va más allá de los trofeos para sumergirse en las cicatrices, las renuncias y la disciplina férrea que forjaron a la leyenda. Desde su humilde origen en Pehuajó, Argentina, hasta convertirse en un icono global, Belasteguín repasa una carrera de 30 años que transformó no solo su vida, sino el deporte que ama.

De un campo de fútbol en Pehuajó a la cima del mundo
La historia de muchos grandes deportistas comienza con una encrucijada, y la de Bela no es una excepción. En Pehuajó, un pueblo sin cines ni centros comerciales, las opciones para un niño eran claras: la plaza o el deporte. Bela eligió el deporte. Su primera pasión fue el fútbol, donde se desempeñaba como un “defensa central muy duro y muy rústico”. Sin embargo, pronto se dio cuenta de una cruda realidad: su estilo de juego no le abriría las puertas de los grandes clubes de Buenos Aires. El destino, caprichoso, había colocado una pista de pádel a escasos 100 metros de su casa, en el mismo club donde jugaba al fútbol.
Lo que empezó como una forma de pasar las tardes después del colegio, se convirtió en una revelación. “Descubrí en el pádel un deporte que me permitía salir un poquito más de mi ciudad, empezar a conocer Argentina y me decanté por el pádel”, confiesa. El ascenso fue meteórico. Lo que era un hobby se transformó en su profesión con tan solo 15 años. Tres décadas después, ese chico de Pehuajó mira hacia atrás con una mezcla de nostalgia y satisfacción, consciente de que todo pasó “muy, muy, muy rápido”.
El secreto de la longevidad: Un golpe llamado globo
Mantenerse en la élite durante más de dos décadas, y reinar durante 16 años, no es producto de la casualidad. Exige un dominio técnico absoluto. Belasteguín es claro al respecto: “Para ser profesional tenés que dominar todos los golpes”. En el pádel de élite, los rivales tienen la capacidad de identificar y explotar la más mínima debilidad. No puedes tener un golpe de 9.5 y otro de 6. Sin embargo, incluso entre los maestros, siempre hay un golpe que define una carrera, una herramienta que se convierte en un salvavidas en los momentos de máxima presión.
Para Bela, ese golpe fue el globo. “A mí se me ha caracterizado por tener una calidad de globo muy buena, que es lo que me ha permitido jugar hasta una edad tan alta, con 45 años”, explica. En un deporte que ha evolucionado hacia una velocidad vertiginosa, el globo es el arte de la pausa, de la estrategia. Es una pelota que viaja por el aire, otorgando un tiempo precioso para reposicionarse, para pensar, para desarmar el ataque rival. Aunque admite que el pádel moderno, con pistas y bolas más rápidas, ha reducido su uso, su precisión milimétrica con este golpe fue la clave que le permitió competir de tú a tú con jugadores mucho más jóvenes y explosivos hasta el final de su carrera.
Pádel de Antaño vs. Pádel Actual: Una Comparativa
La visión de Bela sobre la evolución del deporte es pragmática y alejada de la nostalgia. Entiende que para ser relevante, hay que adaptarse. A continuación, una tabla que resume las diferencias clave según su perspectiva:
| Característica | Pádel de la era 'Bela' inicial | Pádel Actual |
|---|---|---|
| Velocidad del Juego | Más lento y estratégico. | Extremadamente rápido y físico. |
| Materiales (Palas/Bolas) | Menos tecnológicos, favorecían el control. | Diseñados para máxima potencia y velocidad. |
| Estrategia Dominante | Construcción del punto, uso frecuente del globo. | Búsqueda del remate y la definición rápida. |
| Condiciones de Pista | Más variadas, algunas muy lentas. | Tendencia a superficies más rápidas. |
Para Bela, la evolución es un signo de seriedad. “El pádel que se ve hoy es mucho mejor que el que se vio el año pasado (...) Para mí eso es lo que marca que somos un deporte serio, estar en continua evolución”.
El precio del éxito: un dolor más profundo que cualquier lesión
La carrera de un deportista de élite está plagada de batallas físicas. Lesiones, recuperaciones dolorosas y la lucha constante contra el desgaste. Bela las ha sufrido todas. Durante cinco años, se despertaba cada mañana con un dolor agudo en el tendón de Aquiles que le hacía cojear durante la primera media hora del día. Sin embargo, cuando se le pregunta por su lesión más dura, su respuesta desarma y conmueve. Para él, no hay dolor físico comparable al sacrificio de estar lejos de su familia.
“No hay lesión o no hay derrota que se compare al dolor de tener lejos a tu familia”, afirma con una honestidad brutal. Su relato es un puñal al corazón de cualquiera que haya vivido lejos de los suyos: “Me despedía de mis abuelos en enero, y volvía en diciembre. No sabía si les daba un beso o les llevaba una flor al cementerio”. Este dolor del corazón, la angustia de la distancia, los cumpleaños en soledad y la incertidumbre, fue su batalla interna más difícil. Es el coste emocional, a menudo invisible, que pagan aquellos que persiguen un sueño a miles de kilómetros de casa. Todo lo demás, el dolor de los tendones, los músculos y los huesos, se vuelve secundario.
La vida después del dolor y el futuro del pádel
Ahora, retirado, Fernando Belasteguín está redescubriendo una sensación casi olvidada: vivir sin dolor. “Ahora me levanto sin dolor, y es una sensación rara, maravillosa”, comenta. Se fue en sus propios términos, estando todavía entre los 20 mejores del mundo, una decisión que le permite ahora disfrutar y tomar conciencia real de la magnitud de su carrera. Lejos de ver amenazas en nuevos deportes como el pickleball, lo considera un “trampolín” que ayudará a que más gente, especialmente en mercados como Estados Unidos, descubra el pádel.

Su fe en el futuro del deporte es inquebrantable. Lo considera “el deporte del futuro” por su carácter social, su facilidad de aprendizaje y su capacidad para enganchar a personas de todas las edades y condiciones. El único límite, según él, es el tiempo necesario para que más países lo conozcan. Una vez que lo prueban, el crecimiento es exponencial. No le ve techo.
Preguntas Frecuentes sobre Fernando Belasteguín
¿Cuál es el secreto de la longevidad de Bela?
Su secreto reside en una combinación de exigencia máxima consigo mismo, un dominio técnico de todos los golpes y, en particular, una maestría en el uso del globo, que le permitió gestionar el ritmo de los partidos y competir físicamente hasta los 45 años.
¿Qué opina Bela sobre la evolución del pádel?
La abraza por completo. Considera que la continua evolución en velocidad, materiales y físico es un signo de que el pádel es un deporte serio. Su filosofía es clara: el deportista profesional debe adaptarse a las condiciones actuales del juego, no anclarse en el pasado.
¿Cuál fue el mayor sacrificio de su carrera?
Sin dudarlo, el dolor emocional de estar lejos de su familia en Argentina. Considera que este dolor del corazón es incomparable a cualquier lesión física o derrota deportiva que haya sufrido.
¿Qué consejo da a los jugadores amateurs?
Más que un consejo técnico, da uno vital: si disfrutas del pádel, cuida tu condición física. Realizar algo de actividad física complementaria y cuidarse permitirá disfrutar de este deporte durante mucho más tiempo y con menos lesiones.
¿Con quién le gustaría jugar su último partido?
La respuesta es emotiva y rotunda: con su padre. Sus mejores recuerdos deportivos están ligados a él, quien fue portero en su equipo de fútbol. Jugar un último torneo a su lado sería el cierre perfecto a su increíble historia.
Al final, la historia de Fernando Belasteguín es la de un chico que cambió el fútbol por el pádel y conquistó el mundo. Pero también es la historia de un hijo, un nieto y un padre que pagó un alto precio personal por la gloria. Y aun así, con todo el dolor y el sacrificio a sus espaldas, no cambiaría nada. Porque todo ello, lo bueno y lo malo, le convirtieron en quien es hoy: una leyenda, dentro y fuera de la pista.
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