¿Qué le pasó al padre de Damián?

Padre Damián: El Santo que Abrazó la Lepra

20/02/2018

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En la historia de la humanidad, existen figuras cuya vida trasciende el tiempo y se convierte en un faro de esperanza y entrega. Una de esas figuras es, sin duda, el Padre Damián de Molokai, un hombre cuyo nombre es sinónimo de sacrificio y amor incondicional. Su historia no es la de un rey o un conquistador, sino la de un humilde sacerdote belga que eligió voluntariamente vivir y morir entre los marginados, transformando un lugar de desesperación en una comunidad de dignidad. Acompáñanos a descubrir la vida de este extraordinario hombre que se convirtió en el "leproso voluntario".

¿Dónde fue enterrado el padre Damián?
El padre Damián murió leproso el 15 de Abril de 1889. Fue enterrado junto a la Iglesia de Santa Filomena en Molokai, Hawai. No faltaron acusaciones contra el Padre Damián aun después de su muerte. Entre ellas la beata Madre Marianna Cope quien dedicó mas de 30 años al servicio de los leprosos.
Índice de Contenido

De José Veuster a Padre Damián: El Origen de una Vocación

Antes de ser conocido mundialmente como el Padre Damián, nació como José Veuster el 3 de enero de 1840 en la pequeña localidad de Tremeloo, Bélgica. Criado en una familia de agricultores, desde joven sintió un profundo llamado a la vida religiosa. Siguiendo los pasos de su hermano mayor, ingresó en la Congregación de los Padres de los Sagrados Corazones de Jesús y María (SS.CC.) el 7 de octubre de 1860, adoptando el nombre de Damián.

Su anhelo era servir como misionero en tierras lejanas. La oportunidad llegó de una manera inesperada. Su hermano, Pánfilo, quien había sido destinado a las misiones en las islas de Hawái, cayó gravemente enfermo y no pudo viajar. Sin dudarlo, Damián se ofreció para tomar su lugar. Con el permiso de sus superiores, se embarcó hacia un destino que cambiaría su vida para siempre. En 1864, con tan solo 24 años, fue ordenado sacerdote en Honolulu, la capital de Hawái, listo para comenzar su labor pastoral en un mundo completamente nuevo y desafiante.

Molokai: Un Viaje sin Retorno al Infierno en la Tierra

A mediados del siglo XIX, Hawái se vio azotada por una devastadora epidemia de lepra. La enfermedad, entonces incurable y altamente estigmatizada, generó un pánico generalizado. Para contener el contagio, el rey Kamehameha V promulgó una ley drástica: todos los diagnosticados con lepra serían exiliados de por vida a una remota península en la isla de Molokai. Este lugar, aislado por imponentes acantilados y el océano, se convirtió en una colonia penal para los enfermos.

Las condiciones en Molokai eran deplorables. Los exiliados eran abandonados a su suerte, sin atención médica, sin ley y sin esperanza. La violencia, el alcoholismo y la desesperación reinaban en la colonia. Era, en palabras de muchos, un verdadero infierno en la tierra. El obispo de Honolulu, preocupado por el bienestar espiritual de los desterrados, buscaba un sacerdote dispuesto a ir. Sin embargo, el decreto del gobierno era claro: quien fuera a Molokai, se quedaría allí para siempre, con la casi certeza de contraer la enfermedad.

Fue entonces cuando el joven sacerdote Damián, tras escuchar las necesidades de los leprosos, dio un paso al frente. En 1873, con 33 años, se ofreció como voluntario para esta misión sin retorno. Se embarcó junto a un grupo de 50 leprosos hacia la isla, sabiendo que probablemente nunca más volvería a ver el mundo exterior.

La Transformación de una Colonia: Amor en Acción

Al llegar a Molokai, el Padre Damián se encontró con un panorama desolador. La gente vivía en chozas improvisadas, la anarquía era la única ley y los moribundos eran devorados por animales salvajes. Su primer refugio fue la precaria capilla de madera de Santa Filomena, que limpió y acondicionó él mismo. Pero su labor fue mucho más allá de lo espiritual.

Comprendió que para alimentar el alma, primero debía sanar el cuerpo y dignificar la vida. Con una energía inagotable, se convirtió en todo lo que la comunidad necesitaba:

  • Constructor: Organizó a los enfermos para construir viviendas dignas, un hospital, una escuela y la iglesia.
  • Enfermero: Limpiaba y vendaba las úlceras de los enfermos, brindando cuidados médicos básicos con los recursos que tenía.
  • Líder Comunitario: Estableció leyes básicas, organizó granjas para asegurar el alimento y creó un sistema de acueductos para llevar agua potable.
  • Sepulturero: Cavaba las tumbas y daba un entierro digno a los fallecidos, algo que antes no existía.

Su presencia y su trabajo incansable transformaron Molokai. Donde había desesperación, sembró esperanza. Donde reinaba la violencia, instauró la paz y el orden. No veía a los habitantes como leprosos, sino como hermanos y hermanas, compartiendo su comida, su pipa y su vida con ellos sin temor al contagio. Su amor incondicional devolvió la dignidad a miles de personas que habían sido olvidadas por el mundo.

Antes y Después de Damián: Un Cambio Radical

AspectoSituación Antes de DamiánSituación con Damián
ViviendaChozas improvisadas y refugios precarios.Construcción de casas de madera y una comunidad organizada.
SaludSin atención médica; los enfermos morían solos.Creación de un hospital y enfermerías; cuidado personal de los enfermos.
Orden SocialAnarquía, violencia y alcoholismo rampante.Establecimiento de leyes, orden y un sentido de comunidad.
EsperanzaDesesperación y abandono total.Renovación de la fe, la dignidad y la esperanza en el futuro.

"Nosotros los Leprosos": Sus Últimos Años

Después de 12 años de servicio incansable en Molokai, ocurrió lo inevitable. Un día de 1885, mientras sumergía sus pies en agua caliente y no sentía nada, comprendió que había contraído la lepra. La noticia, que para cualquiera hubiera sido una sentencia de muerte y desesperación, fue para él una confirmación de su unión total con su pueblo. Desde ese día, comenzó a predicar usando la frase "Nosotros los leprosos".

A pesar del avance de la enfermedad, que desfiguró su cuerpo y le causó un inmenso dolor, el Padre Damián no detuvo su trabajo. Continuó sirviendo a su comunidad con la misma energía y dedicación hasta que sus fuerzas se lo permitieron. En sus últimos meses, recibió la ayuda de otros voluntarios, incluyendo a la Beata Madre Marianna Cope y sus hermanas franciscanas, quienes continuaron su legado.

El Padre Damián murió el 15 de abril de 1889, a la edad de 49 años. Fue enterrado, como él deseaba, bajo un árbol pandanus junto a su amada iglesia de Santa Filomena, entre la gente a la que había dedicado su vida.

Preguntas Frecuentes sobre San Damián de Molokai

¿Quién fue realmente el Padre Damián?

El Padre Damián fue un sacerdote católico belga de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Es mundialmente conocido por su trabajo como misionero durante 16 años en la colonia de leprosos de Molokai, en Hawái, donde finalmente murió de la misma enfermedad.

¿Por qué es famoso San Damián de Molokai?

Es famoso por su heroico sacrificio y su dedicación a los más marginados de la sociedad. Voluntariamente se exilió en Molokai para servir a los leprosos, no solo como guía espiritual, sino también como médico, constructor y líder, devolviéndoles la dignidad y la esperanza.

¿El Padre Damián murió de lepra?

Sí. Después de más de una década de servicio en la isla, contrajo la lepra. A pesar de los estragos de la enfermedad, continuó su ministerio hasta su muerte en 1889, convirtiéndose en un verdadero leproso entre los leprosos.

¿Dónde están los restos del Padre Damián?

Originalmente fue enterrado en Molokai. Sin embargo, en 1936, a petición del gobierno belga, su cuerpo fue exhumado y trasladado a Lovaina, Bélgica, donde descansa en la cripta de la iglesia de San José. Una reliquia de su mano derecha fue devuelta a su tumba original en Molokai como símbolo de su conexión eterna con la isla.

¿Es el Padre Damián un santo?

Sí. Su causa de canonización avanzó a lo largo de los años. Fue beatificado por el Papa Juan Pablo II en 1995 y finalmente canonizado como santo de la Iglesia Católica por el Papa Benedicto XVI el 11 de octubre de 2009. Es considerado el patrón de los leprosos, los marginados y del estado de Hawái.

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